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VATICANO, 04 Sep. 16 / 04:24 am (ACI).- Ante cientos de miles de fieles presentes llegados de todas partes del mundo y que abarrotaron la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el Papa Francisco presidió la Misa de canonización de Santa Teresa de Calcuta.

A continuación el texto completo de su homilía:

«¿Quién comprende lo que Dios quiere?» (Sb 9,13). Este interrogante del libro de la

Sabiduría, que hemos escuchado en la primera lectura, nos presenta nuestra vida como un misterio, cuya clave de interpretación no poseemos. Los protagonistas de la historia son siempre dos: por un lado, Dios, y por otro, los hombres.

Nuestra tarea es la de escuchar la llamada de Dios y luego aceptar su voluntad. Pero para cumplirla sin vacilación debemos ponernos esta pregunta. ¿Cuál es la voluntad de Dios en mi vida? La respuesta la encontramos en el mismo texto sapiencial: «Los hombres aprendieron lo que te agrada» (v. 18). Para reconocer la llamada de Dios, debemos preguntarnos y comprender qué es lo que le gusta. En muchas ocasiones, los profetas anunciaron lo que le agrada al Señor. Su mensaje encuentra una síntesis admirable en la expresión: «Misericordia quiero y no sacrificios» (Os 6,6; Mt 9,13).

A Dios le agrada toda obra de misericordia, porque en el hermano que ayudamos reconocemos el rostro de Dios que nadie puede ver (cf. Jn 1,18). Cada vez que nos hemos inclinado ante las necesidades de los hermanos, hemos dado de comer y de beber a Jesús; hemos vestido, ayudado y visitado al Hijo de Dios (cf. Mt 25,40).

Estamos llamados a concretar en la realidad lo que invocamos en la oración y profesamos en la fe. No hay alternativa a la caridad: quienes se ponen al servicio de los hermanos, aunque no lo sepan, son quienes aman a Dios (cf. 1 Jn 3,16-18; St 2,14-18). Sin embargo, la vida cristiana no es una simple ayuda que se presta en un momento de necesidad.

Si fuera así, sería sin duda un hermoso sentimiento de humana solidaridad que produce un beneficio inmediato, pero sería estéril porque no tiene raíz. Por el contrario, el compromiso que el Señor pide es el de una vocación a la caridad con la que cada discípulo de Cristo lo sirve con su propia vida, para crecer cada día en el amor.

Hemos escuchado en el Evangelio que «mucha gente acompañaba a Jesús» (Lc 14,25). Hoy aquella «gente» está representada por el amplio mundo del voluntariado, presente aquí con ocasión del Jubileo de la Misericordia. Ustedes son esa gente que sigue al Maestro y que hace visible su amor concreto hacia cada persona. Les repito las palabras del apóstol Pablo: «He experimentado gran gozo y consuelo por tu amor, ya que, gracias a ti, los corazones de los creyentes han encontrado alivio» (Flm 1,7).

Cuántos corazones confortan los voluntarios. Cuántas manos sostienen; cuántas lágrimas secan; cuánto amor derramo en el servicio escondido, humilde y desinteresado. Este loable servicio da voz a la fe y expresa la misericordia del Padre que está cerca de quien pasa necesidad.

El seguimiento de Jesús es un compromiso serio y al mismo tiempo gozoso; requiere radicalidad y esfuerzo para reconocer al divino Maestro en los más pobres y descartados de la vida, y ponerse a su servicio. Por esto, los voluntarios que sirven a los últimos y a los necesitados por amor a Jesús no esperan ningún agradecimiento ni gratificación, sino que renuncian a todo esto porque han descubierto el verdadero amor.

Igual que el Señor ha venido a mi encuentro y se ha inclinado sobre mí en el momento de necesidad, así también yo salgo al encuentro de él y me inclino sobre quienes han perdido la fe o viven como si Dios no existiera, sobre los jóvenes sin valores e ideales, sobre las familias en crisis, sobre los enfermos y los encarcelados, sobre los refugiados e inmigrantes, sobre los débiles e indefensos en el cuerpo y en el espíritu, sobre los menores abandonados a sí mismos, así como también sobre los ancianos dejados solos. Dondequiera que haya una mano extendida que pide ayuda para ponerse en pie, allí debe estar nuestra presencia y la presencia de la Iglesia que sostiene y da esperanza. Hacer esto con la viva memoria de cuando yo estaba tendido ahí y el Señor se inclinó sobre mí.

Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que «el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre».

Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos. La misericordia ha sido para ella la «sal» que daba sabor a cada obra suya, y la «luz» que iluminaba las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y sufrimiento.

Su misión en las periferias de las ciudades y en las periferias existenciales permanece en nuestros días como testimonio elocuente de la cercanía de Dios hacia los más pobres entre los pobres. Hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea vuestro modelo de santidad.

Pienso que tal vez tendremos un poco de dificultad en llamarla Santa Teresa. Su santidad es tan cercana a nosotros, que espontáneamente la seguiremos llamando Madre Teresa.

Esta incansable trabajadora de la misericordia nos ayude a comprender cada vez más que nuestro único criterio de acción es el amor gratuito, libre de toda ideología y de todo vínculo y derramado sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza o religión.

Madre Teresa amaba decir: «Tal vez no hablo su idioma, pero puedo sonreír» porque abriga el corazón en su sonrisa. Llevemos en el corazón su sonrisa y entreguémosla a todos los que encontremos en nuestro camino, especialmente a los que sufren. Abriremos así horizontes de alegría y esperanza a toda esa humanidad desanimada y necesitada de comprensión y ternura.

 

Bella Vista (Buenos Aires) (AICA): “La primera obra de misericordia de los sacerdotes es contemplar al Buen Pastor”, afirmó monseñor Ariel Edgardo Torrado Mosconi, obispo de Nueve de Julio, ante varias decenas de sacerdotes en La Chacra, casa de retiros de la localidad de Bella Vista, cerca de Buenos Aires, en el marco del VII Curso de Actualización Teológica, realizado del 1 al 4 de agosto.


El prelado añadió que “la misericordia incluye la referencia al sacramento del perdón y la reconciliación. Para ello los sacerdotes hemos de hablar del pecado: no podemos ocultar esta realidad. Haciendo referencia al salmo 22 sobre el buen pastor, la verdadera misericodia consiste en llevar a las ovejas a los mejores pastos, para lo cual hay que advertir de los que envenenan. Pero el pecado tiene remedio, y este es la misericordia”.

Por su parte, monseñor Oscar Vicente Ojea, obispo de San Isidro, expresó que “la misericordia es fortaleza, es un error frecuente identificarla como una blandura. Es una manifestación del poder de Dios y Dios es fuerte. Quizá el origen de esta confusión es que la misericordia es gratuita y lo gratuito no tiene buena prensa”. Ejemplificó que “si nos dan algo gratis desconfiamos, porque pensamos que nos van a extorsionar. Pero el Señor nos anima a dar gratis: lo que han recibido gratis, denlo gratis, dice el Señor”.

El pastor de San Isidro recordó también que “misericordia es escuchar. Se puede contemplar en la misericordia del Señor en el episodio del ciego de Jericó, en el que Jesús entre un mar de ruidos escuchó el grito del pobre, y en aquel momento fue lo más importante para Él. La misericordia se trasluce en este grito: nadie me escucha como Él”.

El hilo conductor de esta reunión de formación de sacerdotes fueron las clases del profesor José María Galván, docente en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma y asesor de la Comisión Europea para biotécnica, sobre “El misterio de la Misericordia de Dios”. A través de las diversas sesiones, trató de mostrar a Dios como Misericordia.

El Curso de Actualización Teológica está organizado por la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei para la formación permanente de los sacerdotes de su presbiterio y los sacerdotes seculares que lo deseen. La edición actual es la séptima convocatoria de esta reunión, y acudieron presbíteros de diversos países del Cono Sur americano. La próxima reunión está prevista para 2018.

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Presidencia Roque Sáenz Peña (Chaco) (AICA): El viernes 19 de agosto el joven Daniel Alberto Segovia, camino al sacerdocio, fue ordenado diácono. En una ceremonia presidida por Monseñor Hugo Nicolás Barbaro, obispo de San Roque (de Presidencia Roque Sáenz Peña).


La celebración, llevada a cabo en la iglesia catedral San Roque, de Presidencia Roque Sáenz Peña, fue concelebrada por monseñor José Lorenzo Sartori, obispo emérito, monseñor Gustavo Alejandro Montini, obispo auxiliar, el presbítero Germán Vallejos, rector del Seminario La Encarnación y sacerdotes de diferentes comunidades parroquiales, sobre todo de Avía Terai, de donde es oriundo Segovia.

Monseñor Barbaro se dirigió en su homilía al joven diácono: “La madurez no siempre la dan los años, sino la unión con Dios y la fidelidad, el darse día a día a los demás dejando de lado todo lo personal”, aseguró y lo alentó a no dejar de seguir los mandatos de Dios, “y tendrás más sabiduría que los viejos”.

El obispo destacó la belleza de quienes transmiten el mensaje de salvación, especialmente quienes están llamados por el Orden Sagrado. “Importa que el mensajero esté bien metido en Dios para que Él hable”, sintetizó, y dio un mensaje al diácono: “No te olvides Daniel, que la predicación y la enseñanza de la fe es una tarea sobrenatural. Viene bien entonces tener presente la advertencia de Cristo: De la abundancia del corazón habla la boca”.

“Queridos hermanos, la necesidad de llevar a Dios a la vida de los demás es enorme y urgente; no podemos dormirnos”, afirmó el obispo a los presentes, a quienes animó a seguir rezando por más vocaciones: “Recen por las vocaciones sacerdotales, son una urgencia prioritaria en esta diócesis. Necesitamos muchos más sacerdotes para que la Palabra de Dios llegue a todos los rincones con la autoridad que da el sacramento del Orden”.

Su mensaje culminó con un deseo hacia el flamante diácono: “Daniel, que el Señor esté siempre en tus labios, en tu corazón y en todas tus obras; que te confíes siempre en la mejor de las guías, Nuestra Madre la Santísima Virgen María. Que así sea.”

Al finalizar la celebración,  el ya diácono Segovia, expresó su agradecimiento a Dios por su llamado y su amor hacia él, a María Santísima por cuidarlo, a monseñor Barbaro por su constante compañía, a monseñor José Lorenzo Sartori y a monseñor Gustavo Montini. Agradeció también a sus padres y hermanos, y a la comunidad donde nació su vocación, a los seminarios donde se formó y a todas las personas que lo acompañaron a lo largo de su vida. Para terminar, llamó a los jóvenes a preguntarse qué quiere Dios para sus vidas y a seguir su voluntad.+

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Ayudanos a tener sacerdotes mejor formados

Del 19 al 23 de septiembre 2016, con la iniciativa de la Facultad de Derecho Canónico, se llevará a cabo el 6º Curso de actualización en Derecho matrimonial y procesal canónico, dedicado a la formación permanente de los operadores de los Tribunales Eclesiásticos.
El Curso
La sexta edición del Curso de actualización se propone presentar a los ministros y profesionales de los foros eclesiásticos de todo el mundo los principales desarrollos normativos, doctrinales y jurisprudenciales –en particular, los Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus y Mitis et Misericors Iesus– que han tenido lugar en los últimos años en relación al proceso de declaración de la nulidad del matrimonio y de otros sectores relevantes de la actividad de los tribunales.
El Curso sigue una metodología teórico-práctica que conjuga la exposición científica de las novedades canónicas y de aquellos capítulos de nulidad que más frecuentemente se presentan de modo problemático en los tribunales eclesiásticos, con la individualización, examen y discusión de los casos prácticos, previamente enviados a todos los participantes.
Las sesiones teóricas serán en italiano, con traducción simultánea al inglés y al castellano.
Los objetivos del curso son:
Actualización doctrinal y jurisprudencial de los operadores de los tribunales eclesiásticos.
Profundización y resolución de cuestiones en debate.
Promoción de la cualificación profesional y de la sensibilidad deontológica.
Aplicación de conocimientos y práctica en la solución de casos reales.
Diálogo con profesionales y profesores e intercambio de experiencias.

Para este curso FONSAC ha otorgado ayudas económicas a los siguientes sacerdotes:
Padre Daniel Navarros Correa de la Arquidiócesis de San Juan.
Padre Matías Ezequiel Barutta, Licenciado en Derecho Canónico (UCA), Vicario Parroquial en Ntra. Señora de Luján (Castrense), Arquidiócesis de Buenos Aires.

Necesitamos tu donación para dos sacerdotes que van a participar del VI Curso de actualización en Derecho matrimonial y procesal canónico para los operadores de los Tribunales Eclesiásticos.
Apelamos a tu ayuda económica para que puedas colaborar en este emprendimiento, para que estos sacerdotes puedan estudiar el curso que te acabamos de informar.

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