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Fátima (Portugal) (AICA): “¡Tenemos una Madre!”, exclamó el papa Francisco en la homilía de la misa que celebró en el atrio del Santuario de Nuestra Señora de Fátima, en Portugal, el sábado 13 de mayo, día en el que se cumple el centenario de la primera de las apariciones de la Virgen María a los tres pastorcitos y después de haber canonizado a dos de ellos: Jacinta y Francisco.

“Fátima es un manto del luz que nos cubre”, dijo el Santo Padre e invitó a que “con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador”, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor”.

Tras declararlos santos, en medio del júbilo generalizado y los aplausos, el papa Francisco presidió la misa ante varios cientos de miles de peregrinos reunidos en la explanada delante del santuario mariano.

Homilía del Santo Padre

Queridos Peregrinos, tenemos una Madre.

Con esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el Cielo ha derramado en estos cien años, y que han transcurrido bajo el manto de Luz que la Virgen, desde este Portugal rico en esperanza, ha extendido hasta los cuatro ángulos de la tierra.

Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a «Jesús oculto» en el Sagrario.

En sus Memorias (III, n.6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?» Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas.

Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda. E

En efecto, él nos ha creado como una esperanza para los demás, una esperanza real y realizable en el estado de vida de cada uno. Al «pedir» y «exigir» de cada uno de nosotros el cumplimiento de los compromisos del propio estado (Carta de sor Lucía, 28 de febrero de 1943), el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía.

No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24): lo ha dicho y lo ha hecho el Señor, que siempre nos precede.

Cuando pasamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido él el que se ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz.

Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor”.

Entrevista al Padre Matías Ezequiel Barutta, de la Arquidiócesis de Buenos Aires, realizó un curso de Derecho Matrimonial Canónico en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma.

 

Mas de 300 obispos de los cinco continentes solicitan anualmente becas de estudio para sus sacerdotes y seminaristas. Los motivos son múltiples: falta de medios en sus países de origen, formar formadores para sus seminarios, o preparar especialistas en temas eclesiásticos para servir a los feligreses de la diócesis. Gracias a a personas generosas como tu, logramos atender muchas peticiones, pero nos gustaría que ningún obispo se quede sin becas. Te sumas al desafío?

Presidencia Roque Sáenz Peña (Chaco) (AICA): El obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, monseñor Hugo Nicolás Barbaro, ordenará sacerdote al diácono Daniel Alberto Segovia, en el marco de una celebración eucarística prevista para mañana, viernes 21 de abril, a las 19, en la catedral San Roque. El futuro sacerdote eligió como lema de ordenación el salmo 96: “Para Dios toda la gloria” y presidirá su primera misa el domingo 22, a las 20, en la capilla Nuestra Señora del Rosario de Avía Terai.

El obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, monseñor Hugo Nicolás Barbaro, ordenará sacerdote al diácono Daniel Alberto Segovia, en el marco de una celebración eucarística prevista para mañana, viernes 21 de abril, a las 19, en la catedral San Roque.

El futuro sacerdote eligió como lema de ordenación el salmo 96: “Para Dios toda la gloria” y presidirá su primera misa el domingo 22, a las 20, en la capilla Nuestra Señora del Rosario de Avía Terai, localidad de la que es oriundo y en cuya comunidad nació su vocación de especial consagración.

Segovia nació en Avía Terai, a 30 kilómetros de la sede diocesana. Inició sus estudios primarios en esa localidad en la Escuela de Educación Primaria N° 164 “2 de Abril” y continuó sus estudios secundarios en el Colegio de Educación Polimodal N° 27.

En 2010, luego de un proceso de discernimiento vocacional con algunos sacerdotes, ingresó al Preseminario Cura Brochero de Presidencia Roque Sáenz Peña, prosiguió su formación al sacerdocio ingresando en el Seminario Mayor Interdiocesano La Encarnación, de Resistencia, y continuó sus estudios de teología en el Seminario Internacional Sedes Sapientiae de Roma, culminado con el Bachillerato en Teología en 2016.

“Fue en la capilla Nuestra Señora del Rosario de mi pueblo donde escuchaba que siempre se pedía a la Virgen que el Señor mandara más sacerdotes. Por otra parte, era el tiempo que me cuestionaba qué camino de santidad quería Dios para mí y es así como me acerqué a un sacerdote de mi parroquia y le conté mis inquietudes. Me dio varios consejos y me orientó para asistir a los encuentros vocacionales que se realizan periódicamente en el Seminario en Sáenz Peña. Fue en ese contexto de reflexión, oración y conversaciones con un sacerdote que experimenté una fuerte inclinación a un seguimiento de Dios a través del sacerdocio”, destacó el futuro sacerdote.

Ante la pregunta cómo se prepara para vivir el sacerdocio, Segovia respondió: “Después del tiempo de seminario, y el ministerio diaconal veo cómo Jesús fue transformando mi corazón y mi vida para poder servir a la Iglesia, a Su Iglesia, como ella quiere ser servida, con perseverancia y alegría. Esta vocación sacerdotal a la cual Dios me ha llamado lleva consigo la exigencia de la santidad. Y la verdad que si Dios me ha llamado a ser receptor de este gran don es para tener la gracia de atender a las almas en la predicación de la Palabra de Dios y para impartir los sacramentos, con la cual me siento muy identificado”.

“Creo que cada joven que quiere tomar en serio su vida debe proponerse un mayor acercamiento a la meditación de la Palabra de Dios, y participar más de la Misa, porque es allí, en el trato cotidiano con Jesús, donde Dios habla e inclina el corazón a una misión concreta”, sostuvo, y agregó: “Quiero vivir de esta manera mi ministerio, afirmando mi sí cada día, siguiendo a Cristo y sirviendo a su Pueblo”.+

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