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ROMA 10 de Febrero de 2018

Querido Hernán,

            Por tu medio quisiera expresar mi más profundo agradecimiento a todas las personas que a través de FONSAC me han ayudado a lo largo de estos años a finalizar mis estudios de filosofía en Roma. Hace dos semanas he defendido mi tesis doctoral sobre «La normatividad del lenguaje en la construcción de la realidad social en John Searle». 

            Han sido casi seis años de estudio en Roma, desde que llegué a fines de Agosto del 2012 hasta este mes de Febrero; con un año, el 2016, en Argentina. Por ello, con 38 años de vida y 11 de servicio ministerial, puedo decir que han sido unos años maravillosos, en los cuales Dios me ha permitido continuar mi formación permanente como sacerdote, en las cuatros principales dimensiones de la vida sacerdotal -como solía repetir insistentemente San Juan Pablo II-, la formación humana, espiritual, pastoral e intelectual.

            Tal vez siguiendo este orden de la formación sacerdotal podría trasmitir parte de mi experiencia romana, al menos lo que me permita la extensión de este mensaje.

            Compartir mi vida en Roma con sacerdotes y fieles de diversas nacionalidades, lenguas, culturas y tradiciones me ha permitido enriquecer notablemente el conocimiento de lo valioso que todo ser humano lleva en su interior. Especialmente durante mis primeros tres años en Roma, en los cuales viví en el Colegio Sacerdotal Tiberino, uno de los Colegios que pertenece a la Universidad de la Santa Cruz, he convivido con sacerdotes de los cinco continentes. A través de la lengua común, el italiano, podíamos compartir nuestras experiencias que traíamos desde nuestras propias tierras. Las tertulias, después del almuerzo y la cena, siempre eran una ocasión para conocer algo más del mundo. Tantas cosas para aprender y para dar gracias de lo que tenemos en nuestra querida Argentina. Por mi parte, junto con mis experiencias como sacerdote por seis años, como párroco de la Ciudad de la Punta en San Luis, profesor en el Seminario San Miguel Arcángel y en la Universidad Católica de Cuyo, compartía con mis compañeros la picardía argentina y las artes culinarias del mate amargo, el dulce de leche y los asaditos para Pascuas.

            Vivir en Roma es una oportunidad inigualable para crecer espiritualmente, desde la cercanía con el Papa hasta las visitas a las diversas iglesias en peregrinación, en búsqueda de los grandes santos de la Iglesia. Al llegar a la Ciudad Eterna, tuve la gran posibilidad de conocer, aunque sea a la distancia, a Benedicto XVI y unos meses después, la Providencia divina me permitió estar en la Plaza San Pedro aquel miércoles 13 de marzo del 2013 para la elección del Papa Francisco. Luego, con el paso del tiempo he tenido la oportunidad de encontrarlo personalmente: la primera vez, como “capellán de los Pumas”, y la segunda ocasión, al concelebrar la santa misa con él en su residencia de Santa Marta.

            Mi experiencia pastoral también se ha enriquecido notablemente durante mi estadía en Roma. Los momentos más importantes para hacer un trabajo pastoral eran las vacaciones de la universidad de Navidad, Semana Santa y el verano. Mis primeras experiencias fueron naturalmente en Italia, en una ocasión en Latisana (cerca de Venecia) y en Vanzaghello (Diócesis de Milán). Luego, como otros de mis objetivos al llegar a Roma era aprender inglés, decidí viajar a Inglaterra y Gales para hacer apostolado allí. Los momentos vividos en tierras anglosajonas fueron de una intensidad única. Mientras aprendía inglés, me tocaba por ejemplo hablar de Jesucristo y de su Iglesia a algunos de mis compañeros de clase, especialmente los japoneses y los musulmanes, algunos de los cuales nunca habían tenido contacto personal con un católico. Asimismo, en una ocasión, estando en Londres, debí dar razones de porqué estábamos delante de una clínica que realizaba abortos rezando el rosario, a las personas que se acercaban a manifestar su disgusto; y claro, al ver al sacerdote (a mi), a él se dirigían. En esos momentos creo que recibía gracias especiales para hablar con firmeza, claridad y caridad en una lengua que estaba recién aprendiendo.

            Mi formación intelectual se vio grandemente enriquecida por los estudios que realicé en la Universidad de la Santa Cruz, al realizar íntegramente la licencia en teología moral, completar una parte de mis estudios para obtener además la licencia en filosofía, que luego me dio la posibilidad de hacer el doctorado. La tesis de licencia en teología moral fue sobre la moralidad de la adopción prenatal. Mientras escribía la tesis, y luego al llegar a San Luis, me he encontrado con situaciones en las cuales he debido dar consejos sobre qué hacer con los embriones que habían sido congelados y tal vez ya no podían ser recibidos en el vientre de sus madres.

            El doctorado en filosofía lo hice sobre el pensamiento de John Searle y su teoría de la construcción de la realidad social y la normatividad del lenguaje. El autor es un filósofo norteamericano, que estudió en Oxford (Inglaterra) y luego ha pasado el resto de su vida enseñando en la Universidad de Berkeley, en los Estados Unidos. Es uno de los pensadores más destacados de la filosofía analítica de los últimos años. Su campo de estudio ha sido la filosofía del lenguaje, la filosofía de la mente y en los últimos años se ha dedicado al estudio de la filosofía social y del razonamiento práctico.

            John Saerle es un filósofo del sentido común, por ello hace una fuerte defensa del realismo, de la verdad como correspondencia, de la irreducibilidad material de la mente humana y de la dignidad de la persona. Mi director de tesis, el prof. Juan Jose Sanguineti, me sugirió realizar mi tesis doctoral en este autor, ya que siendo un filósofo ateo y perteneciente a una tradición filosófica diversa a la nuestra, dice cosas muy sensatas y que podrían ser muy integradas en la visión aristotélica-tomista.

            Por ello, empezamos en el 2015 a trabajar en su pensamiento. Luego de dos años de estudio en Roma y uno en Argentina, mezclado con trabajo pastoral, he podido terminar la tesis. Las conclusiones de la misma las pude “discutir” (en el sentido inglés del térnimo) con el mismo autor, dado que el tiempo de Navidad del año pasado lo viví en California. Mi experiencia pastoral vivida en los Estados Unidos, especialmente con los inmigrantes latinos daría para mucho; con gran placer, en otra ocasión, les puedo contar lo vivido allí. Por ahora volvamos a la tesis. Básicamente Searle me dijo que estaba de acuerdo con lo que habíamos escrito con mi director, lo que significaba que efectivamente compartimos muchas ideas y, en cambio, en otros aspectos tenemos puntos de vistas muy diversos.

            Entre las cosas más importantes que compartimos es que el ser humano no puede ser considerado simplemente desde su composición física-material sino que gracias a su conciencia, su inteligencia, su racionalidad y su libertad es un sujeto digno de valor en sí mismo que debe ser respetado desde la concepción hasta su muerte natural; la realidad social es parcialmente constituida por nuestras representaciones mentales y lingüísticas y ello significa que no toda la realidad social es construcción humana. Hay una parte de la realidad que no depende de nosotros para su existencia, dicha realidad puede ser conocida por nosotros y nuestros conceptos, para ser verdaderos, deberían adecuarse a lo que la realidad es en sí misma. En este sentido, la realidad es normativa con respecto a nuestras elaboraciones conceptuales. Dentro de esa realidad que es independiente de nuestra intencionalidad se encuentra el ser humano, que posee derechos inalienables y que deben ser respetados al margen de toda disposición legal.

            Como pueden apreciar, lo que compartimos con John Searle posee un gran valor y abre las puertas a un diálogo fructífero con una línea de pensamiento contemporánea muy importante.

            En la defensa de la tesis, estuvo presente el obispo de San Luis, Mons. Pedro Daniel Martínez quien pudo hacer coincidir varias cosas para viajar a Roma en los días de mi presentación. Me acompañaron varios amigos, entre ellos sacerdotes, seminaristas, numerarios del Opus Dei y laicos que se encuentran estudiando o trabajando en Roma. Entre los presentes se encontraba el rector del colegio inglés, Mons. Philip Withmore. En el colegio inglés he vivido los últimos dos años. Los fondos de FONSAC fueron destinados al pago de la parte académica de mis estudios y el alojamiento en el colegio inglés fue gracias al aporte del superior de los jesuitas en Inglaterra.

            El último aspecto importante de mi formación intelectual y pastoral se está concluyendo (al menos en este periodo romano) con mis últimos exámenes sobre bioéctica en el Instituto Juan Pablo II. Ya en el 2016 he dado clases de esta especialidad en la Universidad Católica y en la parroquia San Roque de San Luis. Espero continuar con esa tarea a partir de marzo del corriente año.

            Por todo lo descrito en estas líneas y lo que llevo en mi corazón quisiera expresar una vez más mi agradecimiento a los amigos de FONSAC. Los tendré siempre presente entre mis afectos entrañables y en mis oraciones.

            Les envío un gran abrazo y mi bendición.

            P. Jorge López

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